Uno de los errores más frecuentes al adquirir una lona impermeable es no calcular correctamente sus dimensiones. Una lona demasiado pequeña no cumple su función de protección, mientras que una excesivamente grande genera desperdicio de material, costos innecesarios y problemas de instalación. Por ello, medir adecuadamente antes de comprar es un paso fundamental.

El primer punto es definir claramente el objetivo de la lona. No es lo mismo cubrir un objeto estático, como maquinaria o muebles, que proteger un área abierta, un vehículo en movimiento o un espacio destinado a personas. El uso final determinará el margen de tolerancia que se debe considerar al medir.
Una vez definido el uso, se deben tomar medidas precisas del área a cubrir, considerando ancho, largo y, si aplica, altura. Es recomendable medir más de una vez y desde distintos puntos para evitar errores. En superficies irregulares o estructuras no uniformes, conviene tomar la medida mayor como referencia.
Un aspecto clave es el excedente de material. Para lonas que se fijarán con cuerdas, ganchos u ojillos, se recomienda añadir entre 10 y 30 centímetros adicionales por lado. Este margen permite realizar dobleces, tensar correctamente la lona y evitar que quede demasiado ajustada, lo cual podría provocar desgarres con el tiempo.
También se debe considerar el tipo de colocación. Una lona colocada sobre una estructura rígida puede ajustarse más, mientras que una lona suspendida o expuesta al viento requiere mayor holgura. En aplicaciones como transporte o construcción, una lona demasiado justa puede desprenderse o dañarse rápidamente.
Calcular correctamente las medidas no solo optimiza el uso del material, sino que mejora la durabilidad, reduce costos y facilita la instalación, convirtiéndose en una decisión clave para un uso eficiente de la lona.

